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Se presentó el libro de María
Galindo y Sonia Sánchez
LA MARCHA DE LAS PUTAS
Fuente:
lavaca.org
Plaza Once cambió de nombre. Desde este miércoles paso a
llamarse Plaza de los Prostituyentes. Una centena de mujeres
decidió rebautizarla para denunciar el tráfico y la explotación
sexual, en una acción pública que sirvió para presentar Ninguna
Mujer Nace para Puta, el libro que escribieron la boliviana
María Galindo y la argentina Sonia Sánchez y que acaba de editar
lavaca.
Mujeres de todas las edades, acompañadas por un grupo
minoritario de hombres, se calzaron una banda cruzada en el
pecho que las consagraba como Miss Puta. La excepción era
Galindo, cuya banda lucía los colores de la bandera boliviana y
la leyenda “Eva”, en letras doradas. Cada manifestante, además,
enarbolaba una escoba, ese símbolo que caracterizó durante
siglos a las brujas, esas rebeldes que eran estigmatizadas,
acusadas de pactar con el diablo, y que durante la inquisición
solían terminar en la hoguera

Las escobas habían sido disfrazadas de mujeres. Estaban
cubiertas por vestidos de diversos colores y modas. Y cada una
llevaba en su pecho, como estandarte, un cartel con la consigna
“Ninguna Mujer Nace para Puta”. “Estamos aquí para rebautizar
esta plaza, una zona liberada para fiolos y policías”, anunció
Sonia Sánchez, una de las autoras del libro. “Estamos aquí para
construir teoría y propuesta –agregó su compañera María
Galindo-, pero no desde la Academia ni desde el púlpito. Las
nuevas teorías se crean en la calle. Sale de la calle y vuelve a
la calle”.
Sánchez y Galindo hablaban mientras agitaban con ambas manos
sendos envases de aerosol. De pronto, los destaparon y marcharon
hacia el centro de la plaza rodeadas de todas y todos los
manifestantes. La autora boliviana escribió sobre el piso, en
perfecta caligrafía manuscrita, el título del libro: “Ninguna
mujer nace para puta”. La autora argentina era la encargada de
fijar consignas y conceptos: “La prostitución no es un trabajo”
o “Acá mandan los fiolos”. Entre pintada y pintada, Sonia
proclamaba: “En esta plaza yo he sido explotada. Acá el hambre
me hizo prostituta. Este libro para mí es una dulce revancha.
Esta es la toma de la palabra directa: por mí no van a hablar
más los fiolos ni los parásitos. Decimos basta, la prostitución
no es un trabajo; es explotación sexual y es un gran negocio”.
Mientras las autoras hablaban al pie del mausoleo a Rivadavia,
en un cantero de la plaza se reunían dos decenas de mujeres en
situación de prostitución convocadas por abogados y militantes
–que repartían preservativos entre las mujeres- de la Central de
Trabajadores Argentinos. Ninguna de ellas participaba de la
actividad ni quería emitir opinión sobre la acción publica que
transcurría a diez metros de distancia. “Acompañamos a las
chicas tienen algún problema con la policía”, explicaba un
abogado vinculado a la central sindical.
“Para organizarnos y tomar la plaza no pedimos permiso a los
políticos, los intelectuales, los sindicatos. Tomamos la calle,
el espacio público, para desestructurar radicalmente el sistema
y construir un lugar donde todas y todos podamos pensarnos
felices”, arengó Galindo.
Enseguida, las manifestantes formaron una extensa fila india
encabezada por las autoras y comenzaron una procesión que
arrancó a contramano por la avenida Jujuy. Las mujeres llevaban
vinchas con la leyenda “todas tenemos cara de puta” y
acariciaban el cielo con sus escobas. También portaban retratos
de Romina Tejerina –la joven que fue condenada a 14 años de
prisión por matar a su bebé nacido, producto de una violación- y
una serie de mujeres en estado de prostitución que tenían sus
rostros tapados con las cajas de alimentos que el gobierno les
provee. “Este es un estado proxeneta, que te da forros y
alimentos para que te sigas prostituyendo, en vez de darte un
trabajo que te saque de la calle”, protestaba Sánchez.
Muchos transeúntes miraban sorprendidos y preguntaban con
asombro “¿Qué es esto?” Dos hombres de remera roja, sentados en
una esquina de la plaza se lamentaban: “Justo que vinimos a ver
su levantábamos algo, enganchamos la manifestación”. Otros,
leían las consignas de las pancartas y preferían el chiste fácil
y poco sutil. Pero ellas, no se amilanaban y los interpelaban.
La procesión dobló en Corrientes y cortó la calle a la altura de
Azcuénaga. Mirando a los autos que tronaban sin cesar sus
bocinas, gritaron: “Ninguna mujer nace para puta”. Y siguieron
caminando a paso firme hacia el Centro Cultural Ricardo Rojas,
donde se realizó la presentación del libro.
La sala Leopoldo Sosa Pujato quedó totalmente sobrepasada. Todas
las sillas estaban ocupadas. Había gente en el piso y muchos se
quedaron afuera. “Soy feminista y acuerdo con todo esto. La
prostitución es un trabajo, el fiolo explota sexualmente a la
mujer y la policía y el Poder Judicial son cómplices. Hay
4.000.000 de mujeres que anualmente son ingresadas al circuito
de la explotación sexual”, explicaba una mujer mayor canosa que
se había apoderado de la primera fila.
Afuera, se había acercado un subcomisario, preguntando por los
organizadores. El hombre, preocupado, había dejado apostado a
decenas de hombres en la puerta del centro cultural: “¿Qué van a
hacer?”, preguntó con autoridad. “Presentar un libro”, fue la
respuesta que obtuvo. Las cejas del comisario se arquearon. “¿Y
después?”, continuó el interrogatorio. “Después cada uno se va a
su casa”, le dijeron, citando a Perogrullo. “¿Y para qué me
mandaron acá con 40 hombres?”, vociferó sin que nadie pudiera
darle esta vez una contestación.
Adentro, custodiada por las escobas que fueron prolijamente
colocadas a sus espaldas, Liliana López Foresi oficiaba como
maestra de ceremonias en el acto de presentación. “Me parece
fantástico la eliminación de eufemismos y que sean las propias
protagonistas quienes hablen de sus problemas y no otros que los
interpretan, resignificando sus palabras y construyendo otra
realidad”, abrió la periodista, elogiando el libro.

Desde entonces, Galindo y Sánchez se alternaron en el micrófono
para desgranar una y otra los principales conceptos del libro.
“Este trabajo –advirtió la boliviana- no es la patética
recolección del testimonio de nadie. Es un desafío, ¿cómo nos
vamos a organizar las mujeres? Estamos hartas del fracaso de
nuestras organizaciones y movimientos, por eso es necesario
repensar todo. ¿Vamos a convertirnos en un sujeto político?
¿Seremos subversivas o seguiremos siendo convidadas de la mesa
patriarcal? Este libro es un planteo político, ideológico y
filosófico. La anfitriona del cambio social es la puta, que no
ha sido excluida sino omitida en todos los sistemas económicos,
políticos e ideológicos. Por eso la puta puede desarticular y
ser altamente subversiva”.
Sánchez eligió hablar del silencio. Dijo que la mujer ya llega
muda a la prostitución, una práctica que simplemente fortalece
un silenciamiento que se ha construido año tras año. “Esta mudez
está hecha de violencia psicológica y física. Y mientras
nosotras callamos hablan todos: el Estado proxeneta, el
sindicalismo proxeneta y el fiolo, que está en la casa de todos.
Recuperar la palabra es un acto de rebeldía y desobediencia. Por
eso para mí este es un día muy feliz”.
La autora argentina también habló sobre la soledad de la puta y
de los parásitos que viven de ella: “¿Quiénes son los parásitos?
Políticos, policías, la Iglesia, las empresa, el Estado, los
abogados, las ONG, las trabajadoras sociales, las psicólogas.
Produce dolor nombrar a los parásitos, porque vez la mierda y
las mentiras que te han rodeado. No se olviden que el parásito
es el que vive de tu esfuerzo físico y mental. Los desafío a que
encuentren sus propios parásitos. ¿Ustedes son capaces de
nombrarlos?”
“El tema de las putas no es exclusivo de las putas”, advirtió
Galindo cuando volvió a tomar el micrófono y pidió un esfuerzo
conceptual: “Basta de interpelar a la puta –exigió-,
interpelemos el libre albedrío de ser marido y prostituyente, de
ser cura y prostituyente, entre ser hermano y prostituyente. En
el pacto prostituyente-prostituta –que no es un pacto-, ¿dónde
te colocas tú?”
La boliviana también habló del espacio político que ocupa el
libro. “¿Qué sentido tiene colocarse en las filas de inclusión
que plantea el neoliberalismo?”, se preguntó. “El espacio
político desde el que hablamos –subrayó- es insólito, indigesto,
insoportable, inaceptable. Es la alianza entre quienes tenemos
prohibido aliarnos. Somos indias, putas y lesbianas. Juntas,
revueltas y hermanadas. No tiene valor juntarse desde el
concepto que somos todos iguales. Primero porque es una ficción,
después porque sería una homogeneización que haría tabla raza
con nosotras. Ninguna lesbiana es lesbiana y punto, ninguna puta
es puta y punto. Ninguna madre es madre y punto. Eso sería
solamente vernos desde donde el sistema nos asignó”.
Con esa intervención de Galindo, finalizó la presentación del
libro en el Centro Cultural Rojas. Pero la marcha de las putas
continúa. El viernes 8 a las 20, habrá una nuevo encuentro en el
auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales (Ramos Mejía 841),
el sábado 9 a las 10 la reunión será en el Comedor Felices Los
Niños (Camilo Torres y Riestra) y el último encuentro se llevará
a cabo el miércoles 13 a las 19 en el Instituto Gino Germani,
Uriburu 950.

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