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NO
HABLES DE REVOLUCIÓN CON GONI DE VACACIÓN
Helen
Álvarez Virreira
Mujeres Creando

Nadie se
esperaba lo que ocurrió en la plaza Murillo en la mañana del 9
de abril de este año, día en que se recuerda la Revolución de
1952. El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) recordaba
un aniversario más; el festejo de los militantes comenzaba con
una misa en la Catedral de la ciudad de La Paz y éstos llevaban
globos, banderas y gorras rosadas, incluso algunos se pusieron
corbatas o camisas rosa y algunas mujeres vestían íntegramente
con el color que identifica al partido.
Los
movimientistas sabían que tendrían que enfrentar la rechifla de
la gente que ocasionalmente estuviese en la plaza principal, a
cuyo alrededor se encuentran el Palacio de Gobierno y el
Congreso Nacional, entre otras instituciones del Estado, y que
tienen fuerte resguardo policial. Para eso estaban preparados
con su gente de choque, mujeres violentas, conocidas como “barzolas”,
que el partido utiliza para agredir e insultar. María Barzola
enarboló la bandera nacional y se puso al frente de la marcha
que terminó con la masacre del distrito minero de Catavi en
1942; el MNR se apropió de su nombre el siglo pasado para la
conformación de sus comandos femeninos y también se adueñó del 9
de abril, aunque se fundó el 25 de enero de 1941, por haber
encabezado la revolución que se inició ese día, uno de los
acontecimientos fundamentales de la historia boliviana que
modificó la estructura económica y política del país; se eliminó
el latifundio, comenzó un proceso de integración del campesinado
a la vida nacional y se estableció el voto universal.
La misa
estaba prevista para las 11.30 y los militantes se reunían en el
atrio de la Catedral. Al frente, en la plaza, la gente que
circulaba por el lugar también comenzaba a quedarse, la mayoría
sorprendida por la desfachatez del MNR, el partido que gobernó
el país en siete oportunidades entre 1952 y 2003 y que durante
la primera presidencia de Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997)
entregó las principales empresas del Estado a inversionistas
extranjeros bajo la modalidad de capitalización. En su segunda
presidencia (2002-17 de octubre de 2003) tuvo que renunciar y
huir a Estados Unidos, el país donde pasó su infancia y parte de
su juventud, dejando atrás a 67 muertos y muertas y más de 500
personas heridas. Goni sigue allá, impune y libre.
Varias
demandas de diferentes sectores confluyeron en octubre de 2003
en una sola consigna: ¡No a la venta del gas por Chile! Goni y
su gabinete de ministros no estaban dispuestos a retroceder; el
gobierno había autorizado al consorcio Pacific LNG a exportar
gas natural licuado a Estados Unidos a través de puertos
chilenos, donde se invertirían unos siete mil millones de
dólares. El centenario reclamo marítimo de Bolivia fue utilizado
como bandera; el país perdió su acceso soberano al océano
Pacífico tras la guerra que libró con Chile en 1879 y la
posterior firma del Tratado de Paz y Amistad entre ambas
naciones en 1904.

Los
militares salieron a reprimir las protestas y respondieron a las
piedras y palos con armas de fuego, con tanques de guerra. La
primera víctima fue Marlene Rojas, una niña de ocho años que
vivía en Warisata, población que fue militarizada a fines de
septiembre por orden del ex ministro de Defensa Carlos Sánchez
Berzaín. Los campesinos respondieron, aunque no en la misma
proporción, con los viejos fusiles Mauser que, paradójicamente,
el MNR distribuyó en 1952.
Los
hombres dirigían la revuelta que se había concentrado en la
ciudad de El Alto, bajo amenaza de sanciones. Pero entre el 11 y
17 de octubre las mujeres tomaron la palabra. Los días 11 y 12,
la masacre de 33 personas conmovió a la gente que
voluntariamente se volcó a las calles a protestar contra la
represión militar. Entonces, las mujeres asumieron el liderazgo
de manera espontánea y autónoma; hablaron en las asambleas de
las plazas de sus barrios; organizaron actividades de
resistencia, como marchas y bloqueos; y convocaron a otras
mujeres a participar. Se convirtieron en dirigentas informales,
señala el estudio “Participación política de mujeres alteñas en
las acciones colectivas y en la vida cotidiana” del Programa de
Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB).
La
primera huelga de hambre que se instaló pidiendo la renuncia de
Sánchez de Lozada también fue de mujeres. Mujeres Creando y
otras compañeras comenzaron el ayuno que luego se masificó en
todo el país. El 17 de octubre un helicóptero trasladó a Goni,
su familia y sus ministros más cercanos hasta la ciudad de Santa
Cruz, donde abordaron un avión que los llevó a Estados Unidos.
El MNR no
asume la responsabilidad de la masacre de octubre de 2003 y
prefiere ignorar ese capítulo de la historia del país, aunque no
deja de defender a su ex jefe nacional. Este 9 de abril los
dirigentes colocaron a los pies del altar de
la Catedral
una fotografía de su líder histórico, Víctor Paz Estenssoro,
quien fuera cuatro veces presidente y responsable, en su última
gestión, de la puesta en vigencia del Decreto Supremo 21060 que
implantó el neoliberalismo en el país y relocalizó a unos 30 mil
trabajadores.
Una
lluvia de insultos comenzó a cruzar la plaza de un lado hacia el
otro y los petardos espantaban a cientos de palomas, habitantes
permanentes de la plaza Murillo que acompañan a sus ocasionales
vecinos encaramados al poder. El escándalo de los avales
políticos, que algunos militantes del Movimiento al Socialismo
(MAS) vendieron a cambio de puestos de trabajo en el aparato
estatal, sirvió de excusa para que los movimientistas atacaran e
insultaran a la gente apostada en la plaza. Por este caso y
debido a la presión, al presidente Evo Morales no le quedó más
que expulsar de su partido a algunos militantes, aunque los más
cercanos sobre quienes pesan también sospechas de venta de
avales se quedaron a su lado. Desde la plaza la gente también
respondía con insultos y groserías.

Aún no
habían dado las 11.30 y cuando menos se lo esperaban unos y
otros, Mujeres Creando echó baldes de agua teñida de rojo y lila
en las gradas de la Catedral y salpicó los pies de los
militantes del MNR. Este era un acto simbólico para exigir
justicia; para recordar que esas 67 personas muertas tienen
nombre y apellido, y que tienen familia que las recuerda y las
extraña; para recordar que el MNR está teñido de sangre y que el
gobierno de Evo Morales ha permitido que ese partido se
fortalezca con la Ley de Convocatoria a la Asamblea
Constituyente. Volantes con los nombres de las y los muertos
fueron repartidos entre la gente que se encontraba en la plaza
en ese momento para que dejen de ser un número, muchos de los
papeles también estaban teñidos de rojo y mancharon las manos de
quienes los recibieron, otro simbolismo porque el silencio es
una forma de complicidad.
La
Policía apareció e impidió que el resto del agua teñida fuera
echada, pero no pudo impedir que María Galindo, integrante del
movimiento feminista, increpara a los movimientistas y también
al presidente Evo Morales que gobierna desde hace más de un año,
mientras Gonzalo Sánchez de Lozada se pasea por el mundo dando
conferencias sobre la realidad boliviana, porque el juicio de
responsabilidades está estancado. Ella repetía el graffiti que
pintó en infinidad de paredes de La Paz y El Alto: “No hables de
revolución con Goni de vacación” Sólo en ese momento los gritos
de la gente de la plaza también recordaron la masacre de octubre
y pedían que Goni vaya a Chonchocoro, la cárcel de máxima
seguridad de la ciudad de El Alto, donde un ex dictador —Luís
García Meza— purga una condena de 30 años sin derecho a indulto.
El reloj
del Congreso marcó con una campanada las 11.30 y la militancia
del MNR ingresó al templo donde la misa transcurrió como si nada
hubiese ocurrido afuera, como si nada hubiese ocurrido en
octubre. Los dirigentes estaban en la primera fila, entre ellos
Mirtha Quevedo, la jefa nacional. Las gradas quedaron teñidas de
rojo, como quedaron los lugares donde las balas arrebataron 67
vidas.
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