Glotonería, obesidad y crueldad de la Banca

María Galindo

A pocas semanas del desastre ocurrido a miles de personas en la ciudad de La Paz con el deslizamiento y perdida completa de sus casas y en muchos casos de sus pequeños negocios, una vez que todos y todas han sido reubicados por el gobierno municipal y que la etapa traumática primera ha pasado, Asoban la asociación de banqueros, que debería llamarse Asociación de Usureros,  ha anunciado que no condonara las deudas de los y las damnificadas y que respecto de ellos y ellas lo que hará es suspender por el lapso de 6 meses el cobro de los créditos bancarios.

En su momento el presidente del estado plurinacional ofreció la condonación de las deudas y además instruyo a la superintendencia de bancos la efectivizarían de la medida. Sin embargo, en la superintendencia ni un solo funcionario se tomo en serio al presidente, nadie sostuvo, propuso o realizo reunión alguna con ASOBAN.

Por las características sociales de los barrios que han sido afectados pertenecientes a sectores “populares” de clase media, clase media baja y trabajadoras y trabajadores proletarizados podemos suponer que son sectores que recurren en muchos casos al microcrédito y al crédito de vivienda. Suposiciones porque nadie ha brindado datos específicos, menos aun ASOBAN.

La banca cobra un seguro para cada crédito que emite, un seguro que lo paga el deudor y la deudora. El pago del seguro en el crédito es un cobro que no entra dentro el cálculo de intereses y que se les recarga al deudor y la deudora. Ese seguro no es voluntario, es obligatorio sale en la ininteligible papeleta de pagos y muchas veces figura en letra muy pequeña en los contratos unilaterales de deuda que una contrae y que no termina o de leer o de entender.

Es ese seguro que ya ha sido cobrado el que en este momento debe cubrir las deudas de los y las deudoras que han  sufrido el desastre tanto de aquellos que han contraído un crédito de vivienda y cuyas casas se han derrumbado, como de quienes han contraído un crédito para un negocio, o cualquier actividad productiva y que han perdido justamente su fuente de trabajo debido a un desastre imprevisible como ha sido el derrumbe.

La Banca  prefiere hacer pagar al deudor y deudora y no cobrar el seguro porque en muchos casos el seguro que contrata la banca es un negocio afín a los y las accionistas de la banca o el seguro pertenece también a la banca. Es por eso que la banca no está dispuesta a cobrar el seguro pero si está dispuesta de cobrar a quienes están hoy viviendo en carpas, durmiendo en colchón improvisado y tapándose son sus propias incertidumbres cada noche.

La banca es hoy el negocio más rentable del país, cobra intereses usureros, especialmente en el rubro del microcrédito, establece su propio cambio de moneda dándose un gran margen de ganancia, obtiene capital barato de la bolsa boliviana de valores, obtiene además todo tipo de ventajas del gobierno y a la hora de realizar una acción financieramente segura como es la de ejecutar el seguro, anuncia el cobro de las deudas y no la ejecución del seguro. Se atreven a hacerlo porque cuentan con la ignorancia general de un público que no está informado. El público usuario de la banca no tiene derecho a ser informado sobre los créditos que contraen, las protecciones y derechos que tiene. Uno entra al banco como quien está yendo a la casa del rey a pedir la clemencia, el préstamo, o la dadiva que un rey todopoderoso te dará si le demuestras vocación de esclavo. No hay superintendencia de bancos presente, no hay servicio al cliente, no hay derechos del usuario y de esa ignorancia en la que nos tiene por siempre el sistema bancario hoy se beneficia para ni siquiera mencionar el seguro que tiene cada una de nuestras deudas.

Cuando planteamos por tanto la condonación total de todas las deudas de vivienda y de negocios de los y las afectadas no estamos hablando de caridad bancaria, porque sabemos que la caridad bancaria se ha reducido a regalar haciéndose publicidad unos cuantos colchones y frazadas y poco más.

La condonación de las deudas de los y las damnificadas no afectaría en absoluto a la “salud del sistema financiero”, que pasa hoy por un estado de obesidad y es más seria en realidad saludable porque les obligaría por una vez al menos a usar un seguro que pagamos en todos y cada uno de nuestros créditos.